Many news: just one worth the name



José Tomás ha sido en numerosas ocasiones protagonista de mis artículos cortos. Desde que después del triunfo de la selección de fútbol en Viena me atreviera con “Eurocopa, José Tomás y demás” hasta los incontables intentos de crónica que traté de realizar un año después tras verlo llevarse cuatro orejas del Bibio en Gijón.
Hoy, sin embargo, menciono a JT como noticia en vez de cómo objeto de mi análisis y filigrana estética. Esto segundo siempre me ha resultado imposible por parecerme inalcanzable el nivel de belleza que él detenta (verbo utilizado a propósito). De la misma manera que no podré nunca explicar “mira, Ronaldinho hacía así toques” sin tener el nivel futbolístico del Gaucho, referirse al Maestro de Galapagar requiere afilar con láser los instrumentos y cuidar el detalle al máximo.
Esta admiración (desmedida, pensarán algunos) la baso en los pocos momentos de mi vida en los que el fervor se ha apoderado de mi razón y yo era esclavo de un sentimiento. Todavía me acuerdo de los silencios, los sobresaltos, los aplausos que, sin quererlo, se arrancaban en mí al ver a un hombre entregar su vida a unos valores éticos y estéticos.
En tiempos como éste en el que Estados Unidos parece que pretende paternalizar de nuevo lo que ocurre en Oriente Medio, que los diseñadores de moda insultan a los judíos, que el gobierno bananero come plátanos en público y que la televisión se cree con derecho a suplantar al sistema judicial; el que un hombre con valores puestos a merced el destino, éste en forma de morlaco mansurrón y cabeceador, con capote tras la espalda, pueda volver a dar quites por gaoneras a la vida y a los toros es la mejor noticia del día, seguramente de la semana, posiblemente del mes y, tal como vamos, quizás hasta del año.

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