Crónicas de Cachopo


INTRODUCCIÓN DEL CONCEPTO

El asturiano que no ha sufrido la alienación de una vida totalmente urbanita posee una característica idiosincrática que lo hace único: la burrez en el placer.

Guardamos cierto parecido con nuestros compadres gallegos, aún con diferencias notables: nuestros vecinos tienen más costumbre por la celebración de pico fino, como hacen con el marisco, percebes, albariño, etc.
Somos nosotros más bastos, extrapolando una cierta “filosofía de prao”, convirtiendo todo festejo en una orgía que no resulta obscena de lo bien habituados que estamos. La desaparición milagrosa de botellas y cajas de sidra suele ser preludio de una buena fartura, regada esta con más vino (o aún sidra, para los continuistas) y clausurada por uno o dos cafés y varias rondas de chupitos (en mi caso, de orujo de miel invariablemente).

Para que el encofrado esté firme y no doble ante las adversidades del clima y de la noche; y ante una nueva necesidad se hace obligada la aparición de una nueva filosofía de construcción. Aquí aparece el cachopo como versión decente de vergüenzas nacionales como el San Jacobo o ridiculeces extranjeras como el Cordon Bleu.

La edificación principal de este potente plato es sencilla, simétrica y contundente: filete de ternera de gran tamaño, jamón serrano, queso, filete de ternera del mismo tamaño y rebozado crujiente a la vez que jugoso. Los acompañamientos suelen  ser tradicionalmente patatas fritas con pimientos del piquillo y algún que otro revuelto de verduras a un lado.

La modernidad ha traído nuevos invitados a este manjar. Algunos son claros sacrilegios, como bacon o pollo; mientras que otros son bendiciones celestiales: setas, queso manchego…

CAPITULO I: Casa Pedro

El cachopo de este sitio pasa por ser uno de los mejores de Asturias y solo puedo hacer que confirmarlo. Solo me he encontrado con una persona que dice encontrarlo demasiado aceitoso, pega provocada por una mala experiencia puntual o un exceso de delicadeza de paladar.

En mi opinión se trata de un tipo de cachopo donde el tema principal gira en torno al sabor y la jugosidad. Lo consiguen con creces, alcanzando una nota de sobresaliente, aún siendo el acompañamiento meras patatas con pimientos.

La ejecución de su cocina separa a este lugar de los demás, dejando la monstruosidad del tamaño como mera anécdota. Si además, uno quiere preparar el estómago para lo que viene después, dispone en carta de una serie de entrantes riquísimos y frescos como mis adorados chipirones fritos. El servicio es correcto y, aunque con fallos puntuales, está supervisado de manera constante por el protagonista Pedro, quien no puede dejar de romperse en pedazos (las dos veces que he ido, con meses de separación, estaba el hombre escayolado en sitios distintos).

Mi hermano de tinta Rober y yo visitamos Casa Pedro las pasadas navidades para darnos un homenaje siempre merecido y airear mi cabeza de libros y apuntes ingenieriles. Entramos hambrientos y salimos muy satisfechos sin pagar demasiado. No pudimos, sin embargo, esquivar el trago digestivo de un buen gin-tonic en el Riscal. Pero ese es otro tema de calado que merece su propio tiempo. De momento, hagamos tranquilos la digestión.

1 comentario:

Rubén dijo...

Cabe reseñar que la cuchara que se ve no es de café, sino una señora cuchara sopera, por indicar el tamaño del susodicho manjar.