LIBROS TATUADOS


El peligro de denunciar vejaciones y atropellos  a diario es que te borren de la vida pública a la par que más perdiendo ecuanimidad y hasta cierto punto la chaveta (ver Losantos algunas mañanas). El peligro de sintonizar según qué cadenas oscila entre el accidente de coche por el sopor de los sueños al volante o la crispación pesimista sin reverso.

Esta última tendencia (reforzada por una idiosincrasia familiar con un punto trágico), que creí arraigada en mi médula espinal, estoy descubriendo, puede ser cambiada. Se me plantea ante mí una paradoja de la que no alcanzo todavía a entender su origen y me maravilla terriblemente: cómo el ser humano, especie en constante decadencia moral (léanse todas las crónicas de intelectuales sobre su actualidad), va superando barreras de estupideces empujando los postulados de comportamiento hacia el sentido común.

Podemos comprobarlo pensando en maricones casados paseando felices por la calle, negros con blancas, blancas con negros, indias con moros, australianos con brasileñas…; analfabetismo rural erradicado en occidente; mujeres que no sólo miran Universidades y empresas de lejos sino que las gestionan…etcétera.

La guerra de la Historia que enfrenta a buenos contra malos, a liberadores frente a tiránicos, a rancios contra innovadores…está siendo ganada en el fondo por los verdaderos apasionados del progreso.

Es por eso que quiero arrimar el hombro a la causa de desmontar prejuicios siendo mártir y prestando mi piel virgen al pigmento vegetal como el lienzo lo hace con los óleos. Quiero continuar, de manera anónima, con la corriente que comenzó David Beckham de manera pública acerca de juntar macarrismo y educación; y, si es posible, hacer que se tatúe la erudición.

La estética chunga de brazos pintados está reservada, casi de manera unánime, a aquellos que hacen el mal para luego exhibir los trofeos. Reclamo, pues, la liberalización del macarrismo y su desembarco en bibliotecas y centros de cultura. Exijo a la sociedad que no desprecie formas de arte de la mayor altura por una opinión a priori. Si consideramos macarras  a todo aquél que lleva tatuajes deberemos aplicar el mismo rasero a la pintura, considerando mafiosos, ladrones y extorsionadores a todos aquellos que compran obras de varios cientos de miles de euros.

El tatuaje es como los grabados sobre metal de Picasso: de trazo sin retorno. Es como el “bomber” que hace “wills” a toda hostia en los trenes, pero sin opción a fallar. El tatuaje es el desarrollo de la inspiración en directo, sin trampa ni cartón. El arte que muestra el alma sin pinceladas en falso.

PD1
Si estoy tan optimista es porque estoy enamorado. Ya luego contaré de quién o quiénes.
PD2: “TODOS SOMOS PUTAS”
Yo también. Por eso hago la pelota a famosos para que me retuiteen  y ganar notoriedad. Pero lo he escondido para parecer más decente y discreto, como una “call girl” de lujo.

2 comentarios:

Stultifer dijo...

Está claro. Se ha perdido el sentido común y la ignorancia sigue siendo muy atrevida.

Miki dijo...

Está clarísimo, sí.