110 y la paga




Uno de los conceptos más importantes para establecer juicios justos en todo tipo de disciplinas es la reciprocidad.
Yo respeto esto tuyo porque tú respetas lo mío, yo no te pego porque no quiero que me pegues, yo puedo viajar a tu país porque tú puedes trabajar en el mío. Antonio Escohotado hace una explicación llana y clara en su “Sesenta semanas en el trópico”.
En ese libro, establece una relación inequívoca entre la libertad y la responsabilidad de un individuo, demostrando que no puede existir una sin la otra manteniendo el orden público. Un sujeto que pretenda disfrutar de privilegios sin hacerse cargo de una serie de obligaciones es un cretino además de un abusador; por otro lado, un ciudadano sometido a férreas reglas sin libertad es un esclavo de sus gobernantes.

ESPAÑA

El nivel de paternalización que el Estado ejerce sus súbditos (no es exageración el uso de este término) en algunos países desarrollados es tan alto que bordea un status dictatorial sólo camuflado por un potente aparataje mediático.
Existen políticos mediocres, perdónenme la reiteración, que embriagados de un viaje de autoimportancia, se creen adalides del progreso y legitimados para decidir e imponer el futuro a sus clientes, i.e. los votantes.
Estos establecen que no se pueden vender hamburguesas de determinado tamaño porque son malas para el colesterol, que no se puede publicitar según qué producto porque crea malos hábitos y que no se puede fumar en las discotecas porque hay quien piensa que estar en un antro tiene que poder ser sano.
Ahora han decidido que no se puede conducir a más de 110 km/h porque “necesitamos ahorrar energía”. Tan sorprendido como indignado estoy por esa inclusión en un plural del que solo quiero estar lo más lejos posible. Da la impresión, a bote pronto, que son Zapatero, Rubalcaba o Sebastián los que me llenan el tanque de gasolina.
Sin embargo, llego a la “sopera” para dar de beber al “buga” y los sesenta y pico leuros me los sajan a mi cuenta personal, esa sobre la cual decido yo que hacer y en qué gastar. Ese intrusismo terrible en mi vida privada, sin justificación de seguridad o peligro público, necesita algún tipo de compensación recíproca.
Espero, por tanto, que a partir de ahora Papá Estado también me dé la paga.

2 comentarios:

Stultifer dijo...

Y da gracias porque no regresa la television en color o nos hacen ir en carro con bueyes (Creo que este año van a subvencionar la romería del Rocío). Nadie se cree lo que cuentan del ahorro. Lo del precio de las pegatinas es de risa...

Justo dijo...

Una tras otra, vamos acumulando intrusiones.
Lo de la ley del tabaco me parece una barbaridad, y eso que no soy fumador, no tiene nada que ver: si un señor tiene un negocio privado, bar, discoteca o lo que sea, ¡que haga lo que quiera, si quiere permitir que se fume, por qué se le ha de prohibir?

¿Quién decide lo que es nocivo y lo que no?

Estoy cada vez más descorazonado con todo lo que tiene que ver con política y sociedad, y eso que yo nunca he sido nostálgico, suelo mirar adelante: pero tengo la certeza de que vamos para atrás, como los cangrejos, en muchos aspectos, y el principal es, por mucho que se diga lo contrario, que la formación y educación es cada vez más básica. Lo que permite que los ciudadanos sean acríticos con lo que los sucesivos gobiernos quieran implantar.