The Tourist

Uno es remolón profundo cuando empieza a hablar de propósitos entrado ya dieciocho días en el nuevo año. Qué carajo, a estas alturas mucha gente ya se ha olvidado de los suyos. Aunque nos engañen con lo de que “al que madruga Dios le ayuda”, “no por levantarse antes amanece más temprano”.
Mis objetivos nuevos pasan por dar forma a todas las ideas y ensayitos escritos en cuartillas, esquinas de servilleta y mantel de papel arrancado de tasca de barrio obrero: El ingeniero feliz. También escribiré, esto de manera inimpepinable, el proyecto fin de carrera, cuyo tema central está dando bandazos y ya llegando a fechas críticas. Quizá saque tiempo para por fin meterme con el “Proyecto Obturador” que esbocé el año pasado; pero todo esto será después de una segunda y mucho más reposada tanda de “Crónicas Turcas”. Pasaré previsiblemente dos meses con mis compas bizantinos, sino una temporada más larga.
Lo que tengo muy claro es que por lo pronto no quiero dedicarme a escribir sobre política. A pesar de que algún amigo melenudo y alguna amiga de sonrisa preciosa siempre me despiertan las ganas de desenfundar colmillo acabo sintiéndome sucio escribiendo de temas de actualidad. Me encuentro cómplice pasivo de un paripé que solo merece el desprecio más altivo que se pueda uno imaginar.
Por esto que el fin de semana pasado no pude redactar un nuevo “Cocktail”. Los periódicos hablaban de revoluciones en el Magreb, crisis, intervenciones futuras, corrupción autonómica, inviabilidad del sistema institucional español, agresiones a miembros del gobierno murciano, revelación de  información bancaria comprometedora…entre triste y aburrido.
Así acabo yo dedicando mi tiempo de pensamiento libre a banalidades ruborizadoras, pero preocupantes; ¿qué pasa con Angelina Jolie?
Angelina Jolie es una tía rara: es hija de John Voight aunque no se trata con él (e igual ha ganado con el cambio, el apellido de ahora mola un huevo más), ganó un Óscar cuando ni Cristo resucitado la conocía, ha juntado a un ejército infantil de la ONU en su casa con nombres sacados del Rey León y se zumba a un tío que, no cabe discusión, está a su altura (que espectáculo más bello tiene que ser un polvo entre esos dos).
Con todo esto cualquiera se moriría a gusto, salvando el hoyo del olvido, habiendo dejado huella para tantos años como sobreviva el ser humano en la tierra. Angelina es sin duda un pilar en la historia reciente de la cultura universal como lo son para siempre iconos del tipo Audrey Hepburn, Rita Hayworth, Sofía Loren, Marylin Monroe, etc.
Sin embargo, para probar que es humana y que su existencia no es una creación holográfica de un habilidoso estudio de diseño audiovisual, la ha ido cagando progresivamente en los últimos años, desmarcándose de la perfección. Sino no se explica los bodrios que ha firmado en los últimos cuatro o cinco años, véase: Salt, la peli de asesinos con Morgan Freeman (ni puta idea del título).
Si tuviera que darle consejo dudaría si entre recomendarle mandar a tomar por el culo a su agente o a los directores de sus películas. Digo esto al hilo del debate público acerca de su último filme: “The Tourist”. Las masas parlantes, esas que han elevado a Basile a promotor de verduleras, las mismas que cambiaron a CNN+ por GH24, dicen que es malísima. Yo, como acostumbro, niego la mayor.
Y es que un director habilidoso como el de “La vida de los otros” no podía dejar que se pudrieran más rollos de cinta contenedores de semejante rostro y se dispuso a sacar lo mejor de un concepto ya bastante machacado como son los “remakes”. Pensó: si la producción da para lo que da, por lo menos vamos a hacer que el jugador más importante se chupe todos los balones; y lo consiguió.
“The tourist” es, además de una película un tanto previsible y estereotipada, un homenaje a la belleza de Angelina. Es culto al rostro de una mujer con encanto atemporal que llena la pantalla aunque ocupe medio plano. Es la explotación de una mujer increíble en el papel de “señora dandi”, limitando su interpretación a matices, pequeños gestos y miradas que conquistan a audiencias masculinas y femeninas sin diferencia.
No podemos, como hacen algunos, criticar a esta mujer por una supuesta falta de interpretación, porque esta ausencia no es sino apropiadísima. ¿Se imaginan a esta acaparadora de miradas interpretar de manera menos sutil y más enérgica? Sería cansino por sobreactuado.
Mi tesis de hoy sobre el mundo de la interpretación se resume en que el magnetismo de un actor es inversamente proporcional a la nitidez e intensidad con la que debe de moverse por las tablas o sets de rodaje. Cuanto mayor sea la belleza más suave debe ser la interpretación. Una cara de susto se tiene que minimizar en un gesto de ojos y pómulos con una ligera apertura de boca, y así.
Por eso “The Tourist” me gusta. Porque el protagonismo es de ella, y los demás le dan coartada para que se vista, se pasee, nos mire y nos enamore de la misma manera que a Jonnhy Depp. Y eso está de puta madre.

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