Mark Twain es un canalla

Casi siempre que echo un polvo y mi agradable compañera se va antes de la hora del brunch, suelo hacer siempre lo mismo: con mis pelos alborotados, y una mezcla de ropa entre la formalidad de la noche anterior y “me da igual un poco todo” que armonizan perfecto, bajo a por periódico y a proveerme de un café de esos ricos de más de medio litro con caramelo que nos hacen sentir parte del cast de “Sex on the city” a la par que nos sajan el bolsillo.
Ayer no follé y estoy triste, pero hoy me he autoengañado con que era sábado y no varié mi rutina de día no laborable. Con los kioscos cerrados y solo el Opencor abierto para dar salida a su enorme tacada de ejemplares de “El Mundo” (como nos gustan los DVDs gratis a los españoles) me encuentro con que los Reyes me han regalado un artículo.
Si ya hace tiempo hablaba de esquizofrenia para referirme al caso de los controladores aéreos hoy no me saldré de la psiquiatría para exponer uno de los grandes asuntos que nos amenazan: la amnesia.
Cuando la amnesia es breve y autoinducida a través de según qué sustancia para relajarse, festejar o explorar el psique, no hay peligro. Es atroz pensar, sin embargo, en las consecuencias que está teniendo la conquista de los moralistas en todas las parcelas de lo público y privado.
En USA, lugar donde esta tendencia cuenta con numerosos seguidores, están las textiles sin existencias de materia prima tras fabricar tanto paño caliente: después de poner un pitido por cada insulto en TV (método de dudable validez para no llamar la atención sobre lo prohibido) y de borrar los “términos denigratorios” de los videoclips de “afroamericanos” se disponen a reescribir la historia. Y es que Mark Twain era un mal hablado y un irrespetuoso, aunque denunciara de manera irónica el supuesto “pecado original” de América.
En nuestro país tampoco corremos cojos: hay una organización que sarcásticamente lleva la palabara “Memoria” en el nombre que quiere reventar el Valle de los Caídos. Curiosa paradoja la de estos listos. Llamativo es también la sofisticada estrategia para aproximarse a los asuntos más controvertidos: volarlos por los putos aires.
Qué más da que el mausoleo del Escorial sea una de las muestras de arte fascista más brutales de nuestro país, qué importa que dentro de unos años los estudiantes de Historia tengan que recorrer los lugares que explican lo hijo de puta que hoy somos sin ilustraciones vivas. Seguro que los egiptólogos habrían hecho lo mismo con las pirámides idas a tomar por culo.
Ponerse un velo, taparse los oídos o unas simples orejeras, no nos servirá nunca para borrar el pasado; solamente para que al cruzar la calle nos pille el coche que se salta el semáforo en rojo. Y, desgraciadamente, si no miramos, aquí o en América se demuestra que a lo largo de los años venideros nos pueden pillar muchas veces.

3 comentarios:

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


COMPARTIENDO ILUSION
YESCA

CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...




ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.

José
Ramón...

Justo dijo...

Qué suerte tienen algunas, y cómo la desaprovechan... con lo guapo que se te ve.. yo me quedaría al brunch y a lo que fuera.

(No te enfades, es lo que me vino a la cabeza..).

Fer M dijo...

Qué clase de cabestro sería si me ofendiese. Otra cosa es que me pueda gustar o no la oferta implícita. Pero los piropos ofenden solo a miedosos y gilipollas.

Así que gracias, espero que la próxima te haga caso y, encima, me invite al brunch.