ESQUIZOFRENIA EN EL CONTROL


Desde hace algún tiempo acá casi no leo periódicos, he sustituido las tertulias escuchables de la mañana por “El Gallo Máximo” de Dani López y no enciendo el ordenador para revisar online el estado de mis compañeros de planeta, que diría la Ministra de Cojones.
Aparentemente arbitraria, he tomado estas medidas para salvaguardar mi salud mental, que transpira como agua a través de algodón en mi ser físico. He preferido ser un chico ignorante de la actualidad a tener que doparme con ansiolíticos por no poder lidiar con la realidad del día a día.
Y es que uno compra El Mundo o El País y, si posee retranca innata, puede ahorrarse El Jueves para ir al lavabo.
Hoy, rompiendo mi más reciente rutina de salud y tranquilidad zen, me he comprado el periódico. ¿Por qué? Valoré que sumergirme en “Sesenta semanas en el trópico” de Antonio Escohotado, que llevo últimamente en mi cartera, era tarea que requería demasiada concentración para luego llevar a cabo una transición fugaz a asuntos laborales y a una reunión importante con mi jefe. Necesitaba una lectura liviana, que me permitiera irme por los cerros de Úbeda y volver tantas veces como la inspiración tuviera en capricho.
Buenos días, El Mundo, ¿1,20? Aquí tiene. Muchas gracias.  “El gobierno extiende la excepcionalidad constitucional hasta el 15 de enero”. Tócate los cojones, Mariloles. Empezamos bien el día.
A veces creo que soy demasiado vulnerable a estímulos externos. Yo, en mi feudo, no noto la militarización; no tengo a un teniente amonestándome por haber fregado el suelo sin brío cabrío ni a un general arrestándome por tener quince camisas sin planchar. Pienso, sin embargo, que el que a unos individuos se les obligue  a cualquier cosa bajo amenaza de cárcel es propio de dictaduras bananeras: regímenes autoritarios gobernados por mangutas incompetentes que tapan su nefasta gestión a golpe de cetro.
En los primeros días del puente de la Constitución fue realmente difícil formarse una opinión. Por un lado la mayor parte de la información tenía hedor a prisas de becario de agencia de noticias y por otro los profesionales de la opinión no pusieron reparos en justificar su alta cotización prodigándose en palabras respaldadas por ningún estudio ni reflexión.
Poco a poco, con amigos, con lecturas, con intercambio de opiniones, me voy forjando una postura. Esta es que los controladores han sido muy poco inteligentes y que los gobernantes/ejecutivos de AENA son unos malvados.
El gobierno, que subió al poder con la filosofía socialista de que “la política consiste en apagar fuegos” (Joan Clos dixit, y yo escuché) está en un monte lleno de yescas con más focos que recursos. Uno de estos incendios es el provocado por la penosa gestión de AENA. AENA es una empresa pública que no recibe fondos directamente del Estado; tiene competencias para cobrar distintos tipos de tasas aeroportuarias y de navegación, llevando así una contabilidad paralela al Ministerio de Economía y Hacienda. Pese a esta aparente independencia financiera, está sujeta al virus del localismo del poder político, lo que le ha llevado a construir aeropuertos en prácticamente toda capital de provincia. Mantiene así, para ganar votos con promesas periódicas cada cuatro años, infraestructuras como, por ejemplo, la de León, sin ningún tipo de viabilidad (la conexión a Madrid en tres horas por ferrocarril lo ha infectado letalmente). Esto hace que la empresa genere unas pérdidas inéditas y que se dedique a dos cosas: en primer lugar, subir las tasas a las aerolíneas, lo que repercute en el precio del billete y por efecto cadena en la competitividad de todos los sectores relacionados con el turismo; en segundo lugar, a tener que refinanciar deudas con unas condiciones insostenibles que tiene a toda la infraestructura del transporte aéreo al borde el embargo.
Al frente de este “embolao” se coloca a un individuo con formación profesional inexistente mas con experiencia mediática remarcable: José Blanco. Éste, conociendo la idiosincrasia de una ciudadanía aborregada que ha encontrado confort en la mediocridad sin perder ni un ápice del carácter cainita que nos llevo a fusilarnos en el 36, eligió desplegar una cortina de humo sobre todo el follón para, ya que el barco se hundía, salvar al armador de cualquier tipo de culpa.
Este “tupido velo” son los controladores. Son fácilmente demonizables (cobran un sueldo desahogado en un país sumido en crisis), son pocos, cualquier movilización pone en contra a miles de ciudadanos afectados y tienen la sangre caliente. Digo esto último porque si no, no se explica que en vez de haberse cagado en la puta madre de cada ministro y secretario general en silencio, planeando una huelga formal para el día 23 de diciembre o 7 de enero, por ejemplo, se fueran todos a casa con hinchazón de pelotas, de narices, y de toda parte corporal susceptible de ser inflamada.
Yo tengo simpatía por los controladores aéreos. También la tengo para con los pilotos, capitanes de barco y todo aquel que tiene muchas vidas entre manos. La última frase es muy intencionada, ya que se oyen opiniones a menudo del tipo de “¿para qué están ahí tantos, si todo está ahora mismo automatizado?”. No me voy a prodigar sobre las limitaciones de la Inteligencia Artificial, aunque abarquen estas mucho más campo que el coeficiente de un español medio. Un humano nunca toma órdenes de manera precisa y hace falta otro que supervise. Punto.
No me parece mal que cobren mucho. Creo que este argumento es de obrero que dejó de estudiar a los once años y no ha vuelto a abrir un libro en su jodida vida. Si te juegas un futuro profesional invirtiendo dos años en un proceso de formación del que te puedes caer a última hora, si pones en riesgo tu salud mental sometiéndote a presión cada vez que vas a trabajar y, sobre todo, si tienes responsabilidad, debes cobrar de manera acorde.
Me enfada bastante, por otro lado, la manipulación de informaciones al respecto de la formación de nuevos controladores aéreos. Pese a que el centro de formación que transforma a un becario en un “malvado ricachón que chantajea con pobres viajeros” está bajo mando de los controladores, es potestad del gobierno la convocatoria de oposiciones. No ha habido renovación de plantilla desde el 2006.
Lo malo de gobernar a golpe de telediario es que si no se dedica más de un café a planificar la estrategia de un ministerio tan insignificante como el Fomento (nótese la ironía, leída audiencia) al cabo de equis meses salen a la luz los bebés y los marrones. ¿Qué hacemos ahora?
¿Qué hicieron para que la opinión pública no se les echara encima por los recortes? Fijarse en los que cobran más. ¿Qué ocurre cuando para bajar el sueldo de los controladores les limitas las horas extra? Que no se puede cubrir todo el año. ¿Qué haces para solucionar esto? Reformas a posteriori para hacer que bajas médicas cuenten como días libres y triquiñuelas por el estilo. ¿Qué la gente que había hecho sus horas tiene que seguir trabajando sin cobrar por ello? Que se jodan. ¿Qué se les hinchan los huevos y te pueden poner contra las cuerdas en unas fechas muy delicadas? Mandamos a los militares y punto pelota. Aquí todos firmes y desfilando, al curro o a la cárcel.
Todo este razonamiento, no prolijo pero tampoco falso, se resume en un leimotiv propio de dictadura: “Allí donde no nos pueda llevar nuestra incompetencia, nos moverán los tanques”.
El caso es que vivimos, creo, en una democracia de la que estuvimos privados más de cuarenta años (y sí, no se me ha jodido la calculadora, que cada uno interprete), tenemos educación obligatoria hasta los catorce años y existe un Estado de Derecho basado en la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; y yo no veo nada de esto por ninguna parte.
Pensé que lo solucionaría operándome  el astigmatismo en los Vega pero veo que nuestro ilustre Ministro Bachiller sigue con las gafas puestas. Me metan, por favor, en un manicomio. Todo lo que me rodea solo puede ser así si es que me he vuelto loco.

1 comentario:

Jordy dijo...

Totalmente de acuerdo con usted...qué decir que no haya dicho, ahhh, si, yo voy, le bajo los sueldos a la mitad, las horas de trabajo un 40% y con lo que me sobra coloco a los suficientes controladores para cubrirlo...y del Pepiño...que decir de él, por Dios que no lo repatríen para Galicia, lo más cerca, al Sáhara y sin molestar a los saharauis...un saludo