Proyecto Obturador (CAPITULO III)

Siempre sostuve que uno de los males de occidente es la exagerada plastificación que hemos hecho del mundo. No desde el punto de vista ecologista sino conceptual. Todo lo diseñamos dentro del marco del “Estado del Bienestar” alejándonos pasito a pasito de lo que existir verdaderamente significa.
Cuando este fenómeno tiene lugar en el país de origen puede quedar más o menos camuflado por las costumbres generales. Sin embargo, cuando un turista de país engolosinado y piruletero saca la cabecita del avión al llegar a África algo chirría.
Quedan experiencias cerca, de todas formas, para deshacer el movimiento avestruz y ver lo que nos rodea.




No me lo podía creer. Aquél taxista hijo de puta me iba a timar. Se iba a salir con la suya. La cara de desesperación no necesita traductor y mi prisa debía de transpirar por los poros de la chaqueta. Tenía que llegar allí antes de las nueve.
A pesar del tráfico de Marrakech a las ocho y media de la noche de un sábado, el conductor le puso brío y llegamos a menos cuarto a la estación. Después de quemar los últimos euros que quedaban en aquella carrera ladrona confiaba en que los 235 dirham que me quedaban fueran suficientes para asegurarme un pasaje en el tren nocturno que me llevaría a Tánger.
“¡Por los pelos!” pensé, cuando comprobé que el margen que me quedaba era de 30 dirham. Lo que vendría después, Dios decidiría. De momento había pasado los controles con torpeza y atropellamiento y estaba recorriendo el andén con los ojos cerrados, esperando de cualquier esquina un grito que me avisara del momento en el que tendría que volver a empezar a correr.
Esperé y esperé. Silencio entre la multitud.
Subí al vagón y me metí en el segundo compartimento. Tiré las mochilas y encendí un Winston. Joder, ¡cómo odio los Winston y qué bien me supieron aquellas chupadas!
Estomago vacío, músculos agotados, nervios engominados, cabeza saturada. Por delante oscuridad, raíles, policía secreta, café solo y muchos compañeros de viaje. La fuga no había hecho más que empezar.

3 comentarios:

Stultifer dijo...

Mi salida de Marrakesh en mi coche fue suave, tranquila. Carretera dirección a Casablanca por autopista y siguiente parada en Rabat. Pero eso ya lo conté hace tiempo... aqui, aquí y aquí.

Seguro que tu viaje ha sido de los más maravilloso. Yo ya superé el tiempo de las mochilas.

Lo dijo...

Te estás fugando, esto se pone interesante...pero por qué?? por qué??
Sí vale, soy una ansiosa :)

cbm dijo...

pronto, no seas impaciente! aunque va a ser todo un reto, no me inspiro fcilmente con men's wear! jajaa