Proyecto Obturador (CAPITULO I)

Me miré en el espejo de la habitación del hotel; de perfil, de frente, por el otro lado...los abdominales parece quqe no respondían a las amenazas periódicas que les hago hichándome durante tres días a chocolatinas y coca-cola. Lo cojonudo es que a mí lo que me gustan son las ensaladas y el agua con gas y limón. Pero ni viendo las orejas al loro despiertan y se ponen las pilas y, claro, los tuve que sacar a correr.

Desde que llegué a esta ciudad estoy más tranquilo. No es que haya dejado de mirar por encima del hombro, pero miro menos. Solamente muy de vez en cuando, cuando me meto en el ascensor del hotel o entro en la habitación pienso que él puede estar ahí esperando para picarme el billete. Sé que es improbable y absurdo, pero no dejo de chequear todas las habitaciones, no dejo una esquina sin vigilar.

Tal vez por eso estoy frustado con mis abdominales, porque veo que están, que se marcan, pero que no son como los de Leónidas. Quizá debería reconocer que no son las mujeres las motivadoras de tan bajo porcentaje de grasa corporal. Es él. que en algún sitio esta alimentando con delirios esquizofrénicos su odio y resentimiento hacia mí.

4 comentarios:

Lo dijo...

Y por qué te odia Leónidas?? Y por qué tiene más abdominales que tú? jaja
quiero saber más!!!!!!!!!

Stultifer dijo...

Los inspectores de abdominales son terribles e implacables. Uso una báscula y me desespero cuando veo que sube el dígito por encima de los 63 kilos.

Rubén dijo...

¡Tu ritmo de producción literaria ha decaído!

Yo que me solía entretener mientras reposaba la comida con los suculentos momentos de autogloria que nos dedicas día a día....

¿Será que es época de exámenes?

ROBERTO dijo...

POLVORAAAA, ya sabes, cuando te echan la zancadilla, les cortas la pierna, asi, nunca te la van a echar otra vez.