Dos folios de desesperación - Judío, cabrón -


“El judío es banquero y bolchevique, avaro y dispendioso, limitado a su gueto y metido en todas partes […]. La judeofobia es de tal naturaleza que se alimenta de cualquier manera. El judío está en situación tal que cualquier cosa que haga o diga servirá para avivar el resentimiento infundado.”
Ernesto Sábato



Desde hace tiempo acá sobrevuelan sobre el pensamiento de la juventud progresista europea (y progresivamente estadounidense y sudamericana) ciertas tendencias que sorprende no haberlas visto antes en New York Fashion Week. Por lo de que están de moda.
Las modas ideológicas las ha habido siempre. En España, muerto Franco, aparecían los antifranquistas de debajo de las piedras. De forma un poco más global, en Europa, el antiamericanismo fue bandera de todos aquellos que querían hacerse los interesantes en meses primaverales de los sesenta después de que en la segunda Guerra Mundial nos hubieran salvado el culo de los consoladores nazis.
Hoy en día hay cosas que siguen igual que hace cuarenta años: una notable proporción de la juventud ansía dosis de autoimportancia mientras, para calmarse, se inyecta izquierdismo mal destilado en vena. Cuando la droga está mal cortada es cuando vienen las tragedias, uséase, deshaciendo el paralelismo; cuando las ideas están poco cocidas la gente se queda con algunas conclusiones sin saber muy bien cómo han llegado allí. Como cuando te echan droga en la copa.
Esto es lo que aprovechan los agitadores mal nacidos para extender ideas que muchos abrazan con fervor. Verbigracia: USA es el origen de todos los males modernos, el Estado de Israel (los más valientes ya usan simplemente “los judíos”) es su ahijado bastardo terrorista, los árabes son “buenos salvajes”, los empresarios son delincuentes, la policía es opresora, el dinero ajeno (ojo al matiz que imprime el adjetivo) es “el opio del pueblo”, y el opio es “la cultura de los pobres”. Más o menos.
A partir de aquí, todo vale.
Te encuentras, claro, con paradojas curiosas: un red skin con su chapita de la esvástica tachada mientras grita en un concierto de Soziedad Alkohólika aquello de “…ahora tú, judío, cabrón”.
Un neocomunista (utilizo el prefijo después de haber llegado a la conclusión de que, cuando están puestos a mala fe, también son fashionables) feminista que se manifiesta a la vez en contra del maltrato contra la mujer y a favor de que se pueda vestir el velo en las escuelas “supuestamente laicas” públicas.



Hasta aquí lo de todos los días. Una barra de medio, por favor, que no esté muy cruda, gracias. Y sí, por favor, unas magdalenitas para desayunar. Qué bien, que tenga un buen día.
Hoy no tengo un buen día. Me he levantado con un deja vù histórico. Me acordé de cuando en Europa en nombre de los colectivos se linchaban a los individuos. Cuando en nombre de ideas etéreas (“Lebensland” para unos, “Revolución de los trabajadores” para otros) se exterminaba a gente. Se le ponían estrellas o se las encerraba en sótanos. O peor: se las marginaba.
En el presente los discípulos de Adolf no salen mucho a pasear. Están mal vistos. Los que sí gozan del beneplácito de la crítica audiovisual son los cachorros de Karl, en su lucha por la destrucción de la aristocracia y burguesía ya inexistentes. La lucha de clases. Ya.
Para una mente bienpensante es común asociar este izquierdismo “bienintencionado” a la pelea porque una persona no esté en una posición ni aventajada ni atrasada respecto a los demás. No discriminar. Los negros adelante en el bus y las mujeres médicos y lo que quieran. De ese rollo.
Descubro, pues, con gran desazón, que debajo de la camiseta del ché se esconden piel y huesos de fascistas hijos de la gran puta. Tengo que lavarme la cara para que las legañas me dejen leer lo que hoy publica El Mundo:
“Madrid veta a los homosexuales israelíes”
No sé sobre quién empezar a defecar (por ser fino). No sé si echarme a llorar. Lo que yo pensaba que era el último bastión de la libertad y la apertura de mentes –véase Chueca, por razones obvias – es también refugio de nazis con bandera de colores.
El fiestón anual de los maricones, que siempre significó libertad, es ahora un mítin político donde además de llevar la bandera del arco iris hay que comulgar con piedras de molino. O simplemente una ocasión más para emborracharse, así que el año que viene es probable que haya más peticiones para cortar la Gran Vía por motivos estrictamente etílicos, que en este país “gostamos moito”.
No se acaba aquí:
Ayer un grupo de liberadores pijos del pueblo palestino acosaron a dos ciudadanos israelíes que salían de una convención sobre tecnología que tenía lugar en un parque empresarial cercano al campus de la Universidad Autónoma de Madrid.
Dos señores de traje y corbata a los que delató el utilizar entre ellos la sacrílega lengua hebrea para comunicarse. Lo siguiente es imaginable: policía local intentando sacarlos de allí mientras los “héroes” zarandean el coche patrulla al grito de “intifada”. El mismo tipo de individuos que claman contra la opresión impidiendo ya no el debate, sino el libre paseo de dos tipos que iban a su bola. Las “víctimas” (¿de qué?) convertidas en verdugos.
Esta clase de peligrosos gilipollas son los que dictan lo “moralmente correcto” en nuestro país. Los que el 20-N van a reventar la Facultad de Derecho de la Complutense porque “está llena de pijos”. Los que sustituyen la ignorancia y la superstición eclesiástica del siglo XVIII por dogmas de tercer milenio. Los que en nombre de la Idea me quitan la libertad.
Dos folios y no he empezado a discutir. No le he podido faltar a David Segarra, “pacifista de carnet”; ni a su compañero el “espónsor de terroristas”. Dos folios y no he podido preguntarme en alto que significan ciertos vídeos que circulan por internet en los que se muestra a pacifistas con palo en mano o activistas que ansían  convertirse en mártires. Dos folios sin preguntarse humildemente hasta dónde tiene Israel derecho a defenderse de los que quieren su aniquilación.
Dos folios sin debatir, porque el derecho a esto está en entredicho en España. Tener que luchar por esto sí que me toca profundamente los huevos. Tener que vivir entre liberticidas me da asco.

8 comentarios:

Stultifer dijo...

Y mientras tanto la periodista decana en la Casa Blanca ha tenido que abandonar su puesto y su trabajo por sus declaraciones sobre que los judíos deberían irse a vivir a su casa, a Polonia, a Alemania o donde fuera... ¿Locos? Para atarnos

Fonseca dijo...

Escribes bien, la verdad. Es difícil mantener mi atención con un post tan largo y lo has conseguido.

Un saludo.


Fonseca

Fonseca dijo...

PD Viendo el blog me suena raro lo de "Yesca". En Castilla y León son las siglas de un partido de extrema izquierda independentista castellano (sí, tal cual).

Curiosidades de la vida :p

Lo dijo...

Totalmente de acuerdo, de principio a fin. Muy bien dicho además.

jordim dijo...

jojo, qué duro.

Stultifer dijo...

2.328. Te ha tocado.

Estábamos dando un paseo y descubrimos tu blog. Después de un minucioso estudio, STULTIFER te otorga el prestigioso galardón al MEJOR BLOG DEL DÍA correspondiente al jueves 10 de junio de 2010 en No sin mi cámara por los contenidos y matices. Visitanos y comenta con nosotros. Saludos cordiales.
Vamos, que nos ha gustado mucho y hemos querido acercarnos a ti.
Puedes colgar el Premio voluntariamente en tu blog.
Ya formas parte de la Orden del Stultifer de Oro.
Y si tienes una escalera, mándanosla a edusiete@gmail.com y la publicamos inventándonos una historia.

Cordura dijo...

"En el presente los discípulos de Adolf no salen mucho a pasear."

O sí... De cuando en cuando, pasean por Gaza. Y les dan el “paseíllo” a más de mil palestinos.

O pasean por el Líbano. Y arrasan el país llevándose por delante a más de mil libaneses.

O pasean por aguas internacionales. Y abordan ilegalmente una flotilla humanitaria causando muertos y heridos.

Son los discípulos de Adolfín, sí. Los de la guerra “preventiva”, la nueva 'Blitzkrieg' y las armas modernas (en su caso, de racimo, de fósforo blanco... mientras reservan las nucleares para cuando sea menester).

Han implantado un estado más o menos igual de racista que el del Reich (las viejas leyes de Núremberg tienen poco que envidiar a las de la Pseudosión). Porque no son menos supremacistas que sus maestros. Y saben usar igual de bien, por lo menos, la propaganda bellaca y falaz.

Además... tienen seguidores (véase el artículo de arriba) que se dedican a insultar zafiamente a los que no piensan como ellos. Así reflejan su nula seguridad en lo que defienden.

Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

No puedo comprender las palabras del mal denominado "cordura" evidencia un profundo desconocimiento en historia y en actualidad. Ignora por completo el orden jurídico israelí, el contexto en el cual se han desarrollado los conflictos bélicos, y la naturaleza y status único del estado de Israel.
Vergonzoso.