Cuestión de Actitud


Hay dos teorías opuestas en cuanto a lo que ser ordenado, constante y moderado significan. Mi madre, por ejemplo, me dice que un entorno limpio y en orden refleja la serenidad de quién lo habita; lo que no deja de ser, en cierto modo, una forma bonita de justificarme porque quiere que haga la cama al levantarme y fregue los platos después de comer. Yo lo hago cuando vuelvo a casa porque le hace feliz, pero no me convence del todo.
Luego está la otra línea de pensamiento: los freaks del control y de la rectitud no lo son sino por un mecanismo de compensación. Es decir, para que la balanza no se incline irremediablemente hacia la locura, se compensa mediante la neurosis del perfeccionismo cualquier influencia desestabilizadora.
En definitiva: el buen hacer doméstico diario  puede significar la perfección de espíritu y el caos más absoluto, según sople el viento. Ambigüedad total. No me vale.

Es por eso que algunas personas vemos en la moderación una solución que solo vale para no caer enfermo, no potar y acabar precozmente una fiesta o no matarnos, aunque estemos cerca.
La escuela inmediato-placista (el corto plazo se nos presenta como una eternidad) defiende, entre otras cosas, lo siguiente:
-          Cuando te estás trasladando, lo más importante es llegar del punto A al punto B lo más rápido posible. Aquello de “más vale perder dos minutos en la vida que la vida en dos minutos” está muy bien para decir a los párvulos que no crucen los semáforos en rojo, pero seamos francos, si vamos acumulando de dos en dos perdemos una inmenso porcentaje de nuestra vida.
-          Es conveniente estar en forma. Es importante comer sano e incluso poco. También es imprescindible, de vez en cuando, abrir la puerta a alguno de los pecados capitales.
-          Nosotros, como la Vieja Señora, suscribimos el lema de “delectando fatigamur” (“por el sufrimiento al placer”). Las sensaciones, si no se llevan al límite, no se experimentan en su plenitud.
Si escalando no se fuerza el grado, vale más quedarse en la escalera del bloque subiendo y bajando, sin mancarse las maninas en la roca.
En este contexto puedo explicar mi última semana de vida. Porque después de dos largos meses sin escalar nada nos metimos cuatro días seguimos  de pared hasta que hoy las manos, codos, hombros y tobillos han dicho “por favor, dadme un descansín”.
Porque hoy tenía que haber comido con la bella, voluptuosa, desgarradoramente atractiva y chisposa Aida y, ante una desgraciada eventualidad, solucioné el tema del comer del siguiente modo.
SMS Uno: Yo a Rober


“Idea: qué tal si te paso a buscar a las tres con unos filetacos tochos de buey y los zampamos de paso que me enseñas la casa de la Villa?”


SMS Dos: Respuesta


“Hecho, afirmativo, ok, si, ya! Jej.!”


SMS Tres: Re:Re


“Pedido: dos chuletas de buey. Peso final: 2,2Kg. Precio: de los de una vez al año (si invitas a alguien más, no importa, que hay…jej”

Y es que cuando el carnicero me preguntó como quería las chuletas de gordas le dije: “como pa’ paisano”. Porque somos paisanos sin tener que pegarnos en una discoteca ni aporrearnos el pecho como King Kong. Eso se sabe. Y el buey va a saber

2 comentarios:

Lo dijo...

Os habéis montado la fiesta de la chuleta no? Madre mía...!!! Para que luego digan de los de Bilbao, que por cierto te has equivocado, no acojonamos, enamoramos!!! jajaja

Ah, y vuelve ya anda :)

dandy del extrarradio dijo...

Filosofia barata de bar? Jajaja, pues no esta tan mal!
A ver de qué trata la siguiente.
Bye bye