Mujeres (II): De esas que nadie recomienda




“…yo sólo busco que me tiemblen las piernas.”
Admitamos de una vez por todas que somos una generación extraviada. Nos llenaron de cánticos e ideales utópicos a la vez que nos vaciaron el espíritu, nos quemaron los libros y nos inyectaron “belenestebanismo”.
Los ídolos que salían fumando con arte en las películas en blanco y negro ya no se pueden imitar – su “machismo” es recalcitrante-; nos han quitado la muleta mientras que los pitones de los toros son cada vez más afilados.
Y hablo de pitones cuando quiero  hablar de tacones. Y me jode hacer este paralelismo. Pero ha nacido, de tiempo acá, una nueva clase de mujer: las que dan sentido al título y, por ende, sentido a una vida sin causas y llena de masoquismo.
“Hola, me llamo Fer y soy masoquista”. Así empezaría una reunión de esas anónimas en las que algunos van a salvarse y otros a chuparse sus propias polla. “Admito que soy adicto a las cornadas, que los recortes me provocan placer y que estar cerca del toro justifica en todo caso la cornada. Quizás es el orgullo, el estoicismo Tomasino, el que me impide dar un paso atrás.”
Es posible que me haya hecho adicto a esta clase de fémina. Es probable que ya necesite como respirar el que, de vez en cuando, me cojan de las solapas o me revuelquen en la arena y en la cama.
Es seguro que todas las tías de mi vida están en mi retina, en mi amanecer, en mi café del desayuno, en mis cigarrillos en el balcón…y es igual de verdad que no pienso soltarlas. Es justo reconocer que ni quiero ni voy a dejarlas ir, ni a las que me han corneado ni a las que he dado el estoque con gracia (o mejor: con muy poca gracia).
Es así. El fin del hombre como lo conocemos ha traído una nueva raza de hembra. Ojalá quememos todos en el puto infierno antes de que desaparezcan. Porque me cago en toda la intelectualidad y sensibilidad: los burros siempre nos dejamos los cuerpos embistiendo a las paredes. Y cuando se rompen los cuernos embestimos con la cabeza. A pelo. Como no puede ser de otra manera.

8 comentarios:

El gato Floro dijo...

chapeau

Stultifer dijo...

Bueno es que pienses así. Lo malo es que te encuentres aquella que te diga: "Hazme todo".

Lo dijo...

Pero esas mujeres que nadie te recomienda son las guays, no?
De otra forma sería todo mucho más fácil, o aburrido o bonito y sencillo, también podría ser no? Pero qué sabré yo de todo esto jaja

Lo de masoquista ya se te veía venir, no pareces tú de los que se acobardan.

Jordy dijo...

Tu vente por El Roblecito, vferás lo que es ser masoca, y las penurias que hay que pasar...será que no tenemos plaza de toros aquí, pero cornadas y cornudos haberlos hailos¡¡¡¡¡ un saludo fer y hasta pronto, espero, por madrid¡¡¡¡

cbm dijo...

No hay mundo perfecto que nos consiga conquistar. La mierda, lo cierto,es que nos une un poco más..

Lo dijo...

jaja por ahora es inventado, pero dame tiempo ;)

Miguel Jesús dijo...

Vaya, 1 vida presumiendo de frases, y 2 ocasiones y ya te robo 2 frases: la segunda "las tías de mi vida están en mi retina", aunque creo que la maquillare un poco a mi gusto...

ROBERTO dijo...

Tienes ese sentido arácnido que las distingue en la multitud, y no te deja parar hasta que las consigues. Yo se de uno que le pasa lo mismo, pero con las que tienen mochila, ja ja.