Gilipolleces (I): “El toro está muerto.”




Esto de que Turquía tenga una hora más es una putada para ciertas cosas. Por un lado, por cuestiones geográficas, significa que se pone el sol antes (poca diferencia de uso horario); por el otro me obliga a tragarme los “fantásticos” programas de mediodía españoles si quiero reposar el buche lleno después de comer unas riquísimas lentejas.
El caso es que ayer escuché el entrecomillado del título. Lo decía un subnormal de esos que piensa que por decir las cosas con tono de superioridad dejan de ser tonterías, al hilo de las imágenes de la cogida a Julio Aparicio. Y le faltó añadir “punto”, como para dar más énfasis a lo breve y “clarividente” de su argumentario.
Le voy plantear una cosa a este señor, cuyo nombre desconozco y no me apetece buscar en internet:
Ese toro hubiera estado muerto hace bastante tiempo si no llegase a ser por la lidia. Te lo habrías comido bien estofado o vestido en una preciosa chupa de cuero. Quizá lo  tocases todos los días, al posar las manos sobre el tapizado del volante de tu coche.
Ese toro ha tenido una vida envidiable por cualquier animal subyugado al ser humano y a muerto según lo que es: bravo. No se puede olvidar esto.
Sólo se puede apoyar el lado de la “tortura” desde dos puntos de vista: la coherencia extrema o la ignorancia.
Mientras que un toro muere dando rienda suelta a su carácter combativo y violento; embistiendo una y otra vez, en los criaderos de pollos los animalillos viven en una jaula donde no pueden ni darse la vuelta. Ejemplos como este deberían llevarnos a: si la los Toros son algo cruel, reconsideremos nuestra dieta: salvemos a los animales de de verdad son torturados día a día.
Ahora bien, escandalizarse con las banderillas, el puyazo, los muletazos y la estocada final (todo esto con un bocata de panceta en la mano) es muestra de la más profunda gilipollez. Hablar de caspa, de barbarie, de primitivismo; refiriendo estos sustantivos al público taurino es una muestra más de falta de saber: de hablar sin tener ni puta idea.
Son aquellos que van a la plaza por el morbo (“aficionados puntuales”, algunos turistas, etc) los que pueden en alguna situación a lo planteado más arriba. El taurino, ese de la boina ladeada con el palillo entre los dientes; que analiza el carácter del morlaco a los quince segundos de que salga de chiqueros; que sabe enseguida por qué pitón hay que torearlo, a qué altura, desde qué distancia. Es ese señor el que más quiere al animal, el que más lo respeta. Puesto que si este sale mansurrón lo lamentará y se cagará en la puta madre del ganadero, y si el torero no sabe estar a la altura le devolverá el saludo con pitos. El toro puede ser el centro de críticas, pero nunca diana de iras.
Porque al torero se le pide, además de ser ejecutor de un rito/obra de arte, que ponga el valor y el temple (cualidades humanas) a la altura de la bravura y la nobleza (cualidades del toro).
Y sí, el toro muere como no puede ser de otra forma. Muere porque una vez en la plaza ha entrado para ofrecerle un final digno, a su nivel, muestra de la admiración que despierta.
Parece que Julio Aparicio está bien. Me alegro. Pero ojo para aquellos que por otro lado se escandalizan ante la posibilidad de que un tipo muera en la arena: todo entra dentro de la representación. La sangre moja el ruedo, y algunas veces es del matador. Estar dispuestos a eso le da sentido a la Fiesta. Si nos hiere la sensibilidad, deberíamos irnos todos a casa a comernos un filete. Como nuestros amigos los antitaurinos.

9 comentarios:

Nando dijo...

Olé y olé! Y es que la verdad es que estoy de bastante mala hostia últimamente con el tema de los cuadrúpedos estos. Te enviaría un modesto artículo que escribí y envié a algún periódico (que por supuesto no publicaron) trantando de no ya la ética o estética del toreo -me viene un poco grande- sino sobre las diferentes relaciones sentimentales o afectivas con los animales. La palabra clave es "empatía" y si ésta es universal en respuesta a un artículo publicado en el País donde defendía la universalidad de diversos valores, uno el respeto por la naturaleza y especialmente los animales. Razonamientos metidos con calzador que se desmoronan a la primera vuelta de tornillo...

Como digo te lo mandaría, pero creo que lo perdí .Ya sabes, enredando con mil sistemas operativos diferentes acaba marchando todo al garete.

En fin, que estoy últimamente muy filósofo y muy psicólogo y te recomiendo lecturas de psicología relacionadas sobre este tema.

Por último: viva el cordero lechal, viva el foie-gras, vivan los pollos de granja porque son más baratos, viva mi chaqueta de cuero y viva S. Fermín!

Jordy dijo...

Yo ni soy taurino, ni antitaurino, ni tan siquiera me considero capz de opinar desde un punto de vista objetivo porque, como digo, desconozco el mundillo este, ahora bien, si hay parte, independientemente del tamaño que tenga, de la sociedad que lo considera cultura, arte o como quieran denominarlo, se debe respetar y no criminalizar, porque a fin de cuentas, matar para comer lo hacemos todos, auqnue el espectáculo, bien sea en Coren o Campofrío, o dnde sea no lo televisen...

Y añado, con la que tenemos encima, estar discutiendo de estas cosas si me parece perseguible¡¡¡¡ y una falta de respeto a una, y no pequeña precisamente, parte de la sociedad que lo está pasando mal.

Stultifer dijo...

Buenas. Las jirafas tambien viven en libertad en medio de la selva y alimentadas con los mejores arbustos y no se las mata salvajemente. Lo que defiende este periodista es la peor de las formas que hay de defender sus argumentos.

SANCHEZ-LOPEZ dijo...

Me gusta el artículo. Aunque a algunos no les "cuadre" los aficionados a los TOROS somos los que más hacemos por ellos, los que más los "queremos"...
Un saludo desde el Campo Charro.

Martín Ruiz Gárate dijo...

Yo, que soy aficionado a los toros, te diré que casi todas las argumentaciones que empleas son las que solemos utilizar nosotros para defender la tauromaquia. Sin embargo, comprendiendo que hay gente a la que la Fiesta puede herir la sensibilidad, hay que respetar a los antitaurinos. Y de la misma forma, exigir que ellos nos respeten a los que no pensamos como ellos. Al final todo se reduce a un "voy a los toros porque me da la gana y, si no te gustan, no vayas." Hay que tener en cuenta que las corridas de toros son, aparte de una tradición, un negocio, y que el día que dejen de ser rentables desaparecerán. Es así de sencillo.

Xabel dijo...

pues yo si el Aparicio este se muere, y ademas sufre un poco...no voy a echar ni una lagrimilla
xabel

Gabrielle Dupré dijo...

Hola, te saludo desde México, donde por influencia de España, nos heredaron el gusto por la fiesta brava.

Totalmente y con respeto discierno de lo que expones, para mí, la fiesta brava si es primitivismo, incoherencia, sangre fría, no es cultura y es una inhumanidad, el ¿Por qué?, pues los toros son seres vivos que sufren, sienten y les duele esta ¿"fiesta"?, no puedo creer que se siga permitiendo el maltrato animal y una y mil veces gritaré esto, NOOOOOOOOOOOO se vale! En Portugal no los matan, sólo los "torean", te doy mi humilde opinión, de verdad, con todo respeto no entiendo a quienes les gusta ir a la plaza y ver esto.

Saludos, debo decirte de todas maneras que has hecho un buen post. Gracias por darnos vpz a todos.

ROBERTO dijo...

Lucha a muerte entre hombre y animal, puede caer cualquiera, y seguramente esta mas acojonao el torero que el toro. El toro no tiene contemplaciones con el torero, sea buen matador o no, el torero si, e indulta.
Prefiero morir lentamente luchando, que rapidamente sin opciones.

ROBERTO dijo...

Gabrielle Dupré, NO SOMOS, NI NOS PARECEMOS, NI QUEREMOS PERECERNOS A LOS PORTUGUESES, SOMOS ESPAÑOLES, Y HACEMOS COSAS DE ESPAÑOLAS MANERAS. Preocupate por el índice de violencia que hay en tu país, que es mas grave que los toros.