Crónicas Turcas (VI): Las manos del chino




Ahora me creo que los chinos tienen poderes raros, es decir, te pueden matar usando un solo pulgar y métodos por el estilo. O con sólo mirarte, pero esto ya es más fantástico y sólo les saldrá a los de bigotes blancos larguísimos que salen en los programas de freaks o en las películas de Tarantino.

Últimamente ando un poco reventado de la espalda. Lo típico: el mundo no está diseñado si eres alto, bla, bla (me encanta inventarme este tipo de escusas). El caso es que el personal de la embajada de España en Turquía me puso en contacto con un tío que, y cito literal, "te retorcía desde la punta del pie hasta la punta del pelo de la coronilla". Yo, que cometo mucho el error de proyectar, pensé que estaban exagerando. Craso error.

Si ya el rollo era exótico de por sí (masajista chino en Ankara), el emplazamiento magnificaba lo peliculero del asunto. La clínica estaba en un domocilio particular de uno de esos barrios transición entre la pasta y las chabolas. Sin cartel ni distintivo alguno. Me tuve que jurar no pensar en mis riñones durante una hora, que eso del tráfico de órganos "sólo ocurre en los periódicos".

Pero si he de ser justo admitiré que desde que crucé el umbral la situación perdía todo componente potencialmente tétrico.

Chino sonriente (de esos que tienen pinta de saber la hostia). Casa limpia; limpísima. Habitación simple, barata, humilde, pero decorada según los principios del feng-shui. O eso me pareció a mí. Mapa de la República Popular China, al lado su homólogo turco, y musiquilla de la radiofórmula mandarina entremezclada con el murmullo de una fuentecilla que ocupaba una de las esquinas.

De aquí en adelante, una paliza. En el sentido físicamente literal. Para arriba, para abajo; cuello "crujiente" y dedos que sonaban como si fueran castañuelas (me refiero al sonido, no a la alegría); codo presionando el culo; masaje de hombros, cara, piernas, manos...; una experiencia religiosa. Tanto que, en el hilo musical llegó a sonar el mítico "...están lloviendo estrellas" de Christian Nosequé. Prefiero pensar que era mi imaginación que respondía al trance en que había metido la puntita del pie. Si Dalí supiera de estas cosas pasaba de dibujar relojes.

Todo el resto de la tarde la pasé convaleciente. Amanecí nuevo. Es lo que tiene, a veces, meterse en jardines desconocidos. Pero sólo a veces.

5 comentarios:

Stultifer dijo...

Danos la dirección. Yo hago un paquete y le mando mi espalda. Que la machaque como quiera y me la remita. He sufrido pensando en la forma de la crujía.

Lo dijo...

El mundo no esta diseñado si eres alto...jajaja
pues si eres bajito tampoco, créeme.

Mi comentario fue en la mejor hora del día!!! :)

Lo dijo...

jaja no me odies anda...

mira, un regalito ;)

http://www.youtube.com/watch?v=S-EAWnTEf_E

Miki dijo...

El mundo no está diseñado para los humanos. Bajar de los árboles fue un error. Incluso salir del mar fue un error.

Eva dijo...

mientras leia casi podia sentir las manitas del chino :)