Crónicas Turcas (IV): Los zumos






En occidente a todo lo que mejora la salud le ponemos marca, lo sacamos en la tele  y en la “Men´s Health” y las estrellas de lo divino salen en el programa de Oprah diciendo como les ha cambiado la vida encontrar el elixir de la eterna juventud.
Sin embargo, esto no es más que el marketing de lo que un par de listos descubren en viajes a lugares más o menos remotos e importan a sus lugares de origen.
Yo siempre he tenido costumbres de esas que salen en revistas como “consejos del buen vivir” (con un poco de sentido común te ahorras fácilmente 3 euros al mes) pero no he había imaginado nunca la cultura de la salud que en algunos sitios tienen.
En occidente vamos a toda hostia, nos hinchamos a café (cuando no nos dopamos con cosas un poco más caras) para poder seguir el ritmo, y cuando llegamos a casa nos duchamos de pié y cenamos atragantadamente mientras nos inyectamos vía ocular un poco del esperpento contemporáneo que a todas horas emiten por la TV.
En oriente, sin embargo, van por la vida más despacio (“prisa mata” me dijo un bereber hace dos semanas en Imlil), beben té (“té bueno para cuerpo” me dijo mi amigo Alí en el tren nocturno de Marrakech a Tánger), van a asearse al Hammam, y se hinchan a zumos naturales por la calle.
Esto último es lo que más me enamora. Hace algo más de un año, cuando crucé junto con Oso y Jabalí el riachuelo de agua que parta Estambul en dos: tomé por primera vez zumo de granada. Desde entonces no pasaría ocasión sin que (teniendo cuidado con no destrozar el estómago en algún lugar poco conveniente) aprovechara esta fantástica costumbre.
A 2700 m, en el Atlas,  había puestos para los montañeros que querían chute de vitamina C. Aquí, enfrente de  uno de los cruces con más tráfico de Ankara, un caballero por dos euros te da medio litro de zumo de naranja, pomelo, limón, plátano, zanahoria, granada…mezclado como te salga del pijo.
Hasta los pijos de aquí, horteras como todo aquel que tiene dinero en medio de la mierda, tienen sus propios zumos naturales envasados industrialmente y a precio de Veuve Cliquot (producto que, a pesar de los casi 3 euros que cuesta los 750 ml, no puedo evitar consumir a diario).
Como dicen los de mundo ficción: “esto, al que se le ocurra en España, se pone en el taco”.




Fotografías de Fernando Méndez

4 comentarios:

SuperBarbie dijo...

Menudos zumicos me tomé yo también!!
Y me dio por pensar: anda que no triunfaría un puestecico de estos allá (aquí), en vez del Starbucks éste de los coj...que si! muy fashion, muy rico y tal, pero tan "engordador" como caro!
Y nos creemos los reyes del mambo los occidentales...
Un besote!

Lo dijo...

Vaya sanotes que son por allí no??
Yo soy muy de zumos, pero los naturales no esos que venden en el super que me saben a plástico...

Si yo leyese lo que escribo un par de veces tampoco me enteraría de mucho!! :)

ROBERTO dijo...

Eso es asi. Pin, yo no empiezo el día sin el zumo de naranja en ayunas, uno pa mí, y otro pa la señora. Es sagrao desde que tengo fuerza pa exprimir las naranjas.
Molan muxo esos zumeles que te haces con la licuadora: Manzana, platano, zanahoria, naranja, kiwi... La movida es cuando uno se pone a limpiar la maquinita los cojones, je je.

Lo dijo...

Notas entre la ropa, debajo de la almohada...todo vale.
Aunque en lo de irme sigilosamente tengo mis dudas, que una es muy torpe ;)