Libertad contra seguridad. Haced vuestra elección (pero no me sermoneéis).




En un blog bastante popular se ha desatado una discusión de la hostia en torno a la discusión sobre si es natural y bueno, o avanzado; el tener una o varias parientas. O al revés.
Sin harina hasta los codos lo primero que me llama la atención es que alrededor de cuatro tetas, un par de pollas y sus homólogos coños, aderezado todo con una cita “guay” de Marlon Brando, se forme una ensalada de argumentos más “menos que más” serios para criticar personalmente a la autora del post.
No es que pretenda yo defender a Miranda a capa y espada, pero no puedo callarme como si a muchos de esos no se les viera el plumero.
Opino que el blog de esta señorita es estéticamente muy agradable de leer mientras te tomas la dosis de café solo sin azúcar de las mañanas pero con un contenido filosófico de conversación con café latte. Lo cual quiere decir que el volumen de las réplicas es proporcional al de visitas. Y donde hay mucha gente unos cuantos siempre se sienten tocados con la varita de Dios de la intelectualidad. Y me reitero: se les ve el plumero. Discuten con seriedad lo frívolo, acercándose peligrosamente al olor axílico de la envidia.
En cuanto a la monogamia o no, no creo bueno abrazar ninguna bandear ideológica. Pienso claramente que el tener solo una mujer tiene explicaciones psico-genético-históricas determinantes en el establecimiento de diferencias entre razas humanas. Me llama la atención que aquellos países donde esta práctica es común los niveles de desarrollo son paupérrimos. Me sorprende también que ninguna mujer se haya visto beneficiado de esta corriente, teniendo a una caballada de jamelgos relinchando entre sus muslos.
Son las prácticas de sexo liberal una gran conquista de nuestra sociedad, como que la mujer haya salido de la cocina, que pegarla esté condenado por los que tienen alma, que los negros puedan pensar más allá de su antiguo destino entre plantas de algodón, etc.
Y es que lo fantástico del sexo en libertad es la circunstancia más que la actividad. El poder elegir. El no tener en el coco supersticiones antiguas que fueran más o menos tal que “si follo con más de cuatro tías cada mes se me va a caer el pito”; pero el poder, si a mí me da la gana, decirle a una chica “me has volao la cabeza cabrona. Por tu culpa no puedo mirar a más mujeres. Es más, me cuesta desviar la mirada de ti”.
Los que defiendan únicamente el sexo con una persona son tan imbéciles como los que van al OpenCor a comprar Coca-Cola cuando está al lado el Caprabo abierto. Ignorar el poder de echar un polvo para ayudar a superar rupturas, estreses, malos días, disgustos familiares, etc; es de una imbecilidad supina. No darse cuenta de que los niveles de calidad de kikis que nuestra generación disfruta son infinitamente mayores que los de nuestros padres es de gente parecida.
Por eso, simplemente eso, que sigamos pudiendo elegir.
Elegir la moral que más nos conviene en nuestro momento, que más nos ayuda a nuestra autoestima.
Que por favor, ni adalides del sexo tradicional ni los lobbys opuestos me vengan a tocar los cojones.


P.D.: Y no vayáis de “inteletuales”. Os huele el sobaco a cinco kilómetros a la redonda. ¡Envidiosos, iréis al infierno!

2 comentarios:

Miguel Jesús dijo...

Con la de cosas que hago en un día, con el incremento de mi vida asocial e independiente, y con mi hastío enfermizo a realizar tareas prefijadas u obligatorias...

¡como me gusta leer este blog, coño!

divertido, elocuente, tenaz... :D

Lo dijo...

Joder, libertad...claro que sí!
La gente ya no es que opine, que eso está bien, juzgan sin más, sin saber, sin conocer...

Por cierto, café solo sin azúcar?? Eres un tio duro!