La sobriedad - menudo colocón -.

Así, de primeras, en toda la frente. Alguna gente de los que han leído este blog en su primer día de vida habrán pensado que bueno, que a lo mejor algo de potencial tiene (habiendo cuenta que la mayoría de los blogs son una masturbación mental del autor), teniendo a Escohotado entre los tres primeros enlaces agregados.
Y ahora estoy aquí dispuesto a disertar mientras me atizo una buena hostia de café solo sin azúcar (“i´m sweet enough honey”) sobre lo puta mierda que son las sustancias psicoactivas.  A veces.
En el último matiz está el quizz de la cuestión: todo depende de la dosis y de la cadencia.
La cantidad de droga que se ingiere a mis niveles y círculos no suele ser un problema: el dinero y la sensación de “hostiazo” suelen poner una barrera infranqueable a aquellos burros que meten sus hocicos en montañas de farla, cristal; o montones de porros.
Es la frecuencia lo preocupante, lo que separa diversión de enganche. No creo que seamos conscientes ninguno de que el placer artificial al que tenemos derecho es limitado. O si somos conocedores de que podemos acabar yonkis perdidos, nos es difícil dibujar una línea – principalmente por nuestra manía de ponernos paños calientes; “es imposible que yo sea como esos que andan tirados en la calle” -.
Seamos claros: el que se levanta por la mañana y se fuma un porro con el café es tan yonki, a mis ojos, como el pobre desgraciado que viaja en la línea 7 del metro de Madrid con el mechero en la mano pensando que así ahorra algo de tiempo cuando tenga que aspirar el humo del chino. Lo que no ha tenido son los cojones suficientes para salir de la desidia cannábica. O simplemente su vida no ha sido lo suficientemente Charles Dickens.
Además de tirar su vida por la ventana, individuos de consumo diario de sustancias son los que traen confusión a los que ven este mundo desde la barrera, bien por miedo o porque son demasiado jóvenes para saltarla. Se pierde la magia, el misticismo, el viaje; de colocarse compartiendo un buen porro de hierba. Da uno la mano al demonio de lo psicotrópico soltando la de la experiencia, y eso no tiene perdón.
Por esto, y parece mentira, lo realmente alternativo y diferente hoy en día es decir “a mí hoy no me apetece tomar mierda”.
Que me perdone Escota.

3 comentarios:

Lo dijo...

Hola! aquí tu segunda seguidora :)

Lo que ocurre es que mucha gente relaciona la palabra yonki sólo con aquel que vive tirado y que está ya completamente perdido, y el resto son sólo niñatos/as que se creen más guays que nadie porque se meten de todo pero "controlan". Ja!

Por cierto, no conocía a Escohotado y me estoy quedando toda loca con sus artículos.

Tu blog también va cogiendo forma de molón, me gustaaa!

Jordy dijo...

Sigue así...y deleitame con un coloquio la próxima vez que caiga por esos lares¡¡¡¡

MARIA M.V. dijo...

Deberías saber que el café con azúcar es también adictivo, y que, si no te andas con cuidado, esto de los blogs también lo es. Lo difícil es saber elegir a qué engancharse.
Me gusta cómo va el blog, te sigo!